Mi esposo se puso rojo.
—¡Soy el dueño de esta casa!
—Los documentos de propiedad indican lo contrario, señor.
Daniela dejó de sonreír.
—Rodrigo, ¿qué está pasando?
Él sacó el teléfono y me llamó.
Contesté después del segundo intento.
—Mariana, deja de hacer estupideces. Estoy frente a mi casa y tus empleados no quieren abrirme.
—No es tu casa, Rodrigo.
—¡Soy tu esposo!
—Y solicitaste el divorcio. Además, el matrimonio jamás te convirtió en propietario de los bienes de mi empresa.
Hubo unos segundos de silencio.
—Eso es mentira.
—La escritura está a nombre de Axis Digital, la empresa que fundé antes de conocerte. Lo mismo ocurre con la camioneta. Puedes revisar los documentos con tu abogado.
Escuché su respiración acelerada.
—Entonces dame dinero para comprar otra casa.
—No voy a financiar la vida que decidiste construir engañándome.
Colgué.
Por la cámara vi cómo Daniela comenzaba a discutir con él.