El día que firmé el divorcio, mi esposo se rio y dijo: “Ahora tú pagarás la vida de mi amante y de nuestro hijo”. Me exigió la mansión, la camioneta y los 65 mil pesos mensuales para su madre. Acepté separarme sin discutir y llamé discretamente a mi abogado. Cuando regresó con su amante y el bebé, descubrió que no tenía llaves, dinero ni idea de los documentos que estaban por llegarle.

Lo más curioso fue que Rodrigo no tardó en llevarla a otro edificio de Zapopan donde mi compañía tenía departamentos destinados a empleados que llegaban de otras ciudades.

Intentó utilizar una credencial corporativa antigua que tampoco funcionó.

El administrador le explicó que no tenía contrato, autorización ni relación laboral con la empresa.

Por primera vez, Daniela escuchó la verdad.

—¿No eres el director de Axis Digital? —preguntó.

Rodrigo miró hacia otro lado.

—Es complicado.

—¿Qué tiene de complicado? Tu mamá me dijo que fundaste esa empresa.

—Mi esposa se encargaba de algunos asuntos.

El administrador intervino.

—La fundadora y directora es la señora Mariana Serrano. Usted no figura en nuestra plantilla de personal.

Daniela retrocedió como si acabaran de abofetearla.

Aquella tarde comprendió que su futuro esposo no tenía mansión, camioneta ni la fortuna que le había prometido.

Y lo peor todavía estaba por llegar.

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