A las cuatro, Teresa me llamó llorando.
—Mariana, por favor, necesitamos hablar. El banco bloqueó una tarjeta y Rodrigo dice que tú nos quitaste todo.
—Esa tarjeta pertenece a mi cuenta personal. Nadie tenía autorización para utilizarla.
—Pero somos familia.
—Ustedes dejaron de tratarme como familia mucho antes de que yo decidiera divorciarme.
Teresa empezó a sollozar.
—Tenemos un problema enorme. Ya pagamos el anticipo del salón para la boda y pedimos prestado dinero a varios parientes.
—¿Cuánto?
—Casi novecientos mil pesos.
Me quedé en silencio.
Novecientos mil pesos para celebrar el matrimonio de mi esposo con la mujer que llevaba meses manteniendo mediante engaños.
—¿Quién iba a pagar ese dinero, Teresa?
—Rodrigo dijo que recibiría una parte de tu empresa.
—¿Y ustedes le creyeron?
Ella no respondió.
Entonces le pregunté algo que llevaba días atormentándome.
—¿Desde cuándo sabías que Rodrigo tenía otra mujer?