Rodrigo respondió con un mensaje burlón:
«El viernes llegaré con Daniela. Para entonces habrás entendido que esa casa me corresponde».
Aquella noche recibí el primer informe de una investigadora privada que había contratado para revisar las actividades públicas y comerciales relacionadas con el posible fraude.
Descubrí que Teresa había presentado a Daniela ante sus amistades como la futura esposa de su hijo, un supuesto empresario multimillonario.
Rodrigo llevaba meses fingiendo ser el fundador de mi compañía.
Incluso habían reservado un salón en Tepatitlán para celebrar una boda con ciento veinte invitados.
La familia había contratado un banquete carísimo contando con que yo continuaría pagando.
Pero la investigadora encontró otra mentira.
Daniela mantenía contacto frecuente con un hombre llamado Iván, con quien había sostenido una relación durante años.
En varias fotografías recientes aparecían abrazados, incluso cuando ella ya presumía públicamente su romance con Rodrigo.