Volvió a sentarse, pero mantuvo los ojos fijos en Theo.
Entonces la persona que dirigía la ceremonia anunció que el mejor amigo de Jack compartiría unas palabras.
Theo se puso de pie.
Atravesó el pasillo entre miradas incómodas, subió los dos escalones del pequeño estrado y acomodó el micrófono. Sus manos temblaban tanto que se escuchó un golpe seco cuando rozó la base.
—Sé que muchos están pensando que no debería haber venido vestido así —comenzó.
Nadie respondió.
—El vestido ni siquiera es mío. Me lo prestó mi hermana.
Tragó saliva y miró el ataúd.
—Y créanme que daría cualquier cosa por no tener que explicar por qué lo llevo puesto.
Daniel dejó de moverse.
—Hace seis meses, Jack me pidió que le prometiera algo. Algo que sus papás no sabían.
Sentí que el corazón me golpeaba en el pecho.