El mejor amigo de mi hijo llegó a su funeral vestido de rojo y mi esposo quiso echarlo. Una carta escrita por Jack nos reveló la promesa que ninguno de nosotros conocía.

Theo sacó del bolsillo una hoja doblada, gastada de tanto llevarla consigo.

La sostuvo frente al micrófono, pero antes de abrirla nos miró directamente a Daniel y a mí.

—Jack me hizo prometer que, si llegaba este día, les contaría una conversación que nunca se atrevió a tener con ustedes.

Y cuando Theo explicó dónde había ocurrido aquella conversación, comprendí que nuestro hijo había comenzado a preparar su despedida mucho antes de que nosotros pudiéramos aceptarla.

—Fue una noche en el hospital —dijo Theo—. Ustedes acababan de salir para hablar con el médico. Jack estaba despierto, pero se había quedado muy callado. Yo pensé que estaba cansado. Entonces me preguntó si podía hacerme una pregunta sin que intentara cambiar de tema.

Recordé aquella noche. Había llovido en Zapopan y el estacionamiento del hospital estaba lleno de charcos. Daniel y yo habíamos pasado casi una hora escuchando explicaciones sobre un tratamiento que no había dado los resultados esperados. Cuando regresamos, Jack estaba mirando una película con Theo. Nos recibió con una sonrisa pequeña, como si no hubiera pasado nada.

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