Durante meses pensé que esa sonrisa significaba esperanza.
Ahora comenzaba a entender que quizá mi hijo estaba tratando de protegernos.
Theo se apoyó en el borde del atril.
—Me preguntó si yo también tenía miedo. Le dije que sí. Y él me contestó: «Qué bueno, porque ya estaba cansado de ser el único que se asustaba y fingía que no».
Se escuchó el llanto contenido de una mujer detrás de mí.
Mi esposo seguía mirando a Theo. La fotografía que llevaba en las manos había quedado apoyada sobre sus rodillas.
—Jack me dijo que no quería hablar de su funeral con ustedes —continuó el muchacho—. No porque no confiara en sus papás. Decía que cada vez que veía a su mamá llorar a escondidas, sentía que tenía que encontrar la manera de hacerla sonreír. Y que su papá llevaba meses tratando de ser fuerte por los tres.