Ese detalle destruyó a Emiliano más que todo lo demás.
Sus propias hijas dudaban antes de abrazarlo.
—Papá… —susurró Daniela.
Emiliano abrió los brazos.
Las 2 se lanzaron contra él.
Él las apretó como si quisiera reparar en 1 segundo todos los meses que había estado ciego.
Patricia reaccionó primero.
—Mi amor, esto no es lo que parece.
Emiliano levantó la mirada.
—¿No?
—Rosa estaba confundiendo a las niñas. Yo solo…
—Te vi.
Patricia parpadeó.
—¿Qué?
Rubén entró detrás de Emiliano.
—Todo quedó grabado —dijo él.
La cara de Patricia perdió color.
—No puedes grabarme sin avisar.
Emiliano soltó una risa amarga.
—Es mi casa. Mi sistema de seguridad. Y tú acabas de confesar cómo ibas a plantar una joya en el cuarto de una empleada. Mercadoinmobiliario
Patricia miró a Rosa con odio.
—Tú hiciste esto.
Rosa no respondió.
Solo abrazó a Martina, que seguía temblando.