Su rostro cambió en segundos.
Ya no estaba la sonrisa dulce.
Ya no estaba la mujer fina, comprensiva, cariñosa.
Era otra.
Fría.
Fastidiada.
Cruel.
Daniela estaba sentada en el tapete con un libro. Martina abrazaba un conejo de peluche.
Patricia se acercó despacio.
—¿Qué les dije sobre estar aquí cuando su papá no está?
Las niñas brincaron.
Pero no fue susto nuevo.
Fue costumbre.
Eso fue lo que congeló a Emiliano.
Daniela cerró el libro de inmediato. Martina bajó la mirada. Libros
Patricia le arrebató el conejo y lo aventó al sillón.
—Estoy harta de repetirles, mocosas. Cuando Emiliano no está, aquí se hace lo que yo digo.
Martina empezó a temblar.
Daniela tomó la mano de su hermana.
Entonces Rosa entró desde el pasillo.
No gritó.
No retó.
Solo se puso entre Patricia y las niñas.
—Señorita Patricia —dijo con cuidado—, ellas no hicieron nada malo.