El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

No como decoración.

Como prueba viva.

Después de los arrestos, la comisaría quedó en silencio.

Nadie sabía quién mandaba.

Don Manuel se colocó en medio del vestíbulo.

—Este departamento tiene una decisión que tomar. O protege la cultura que construyó Ricardo Cruz, o empieza de nuevo.

Un agente veterano levantó la mano.

—Director, algunos denunciamos a Molina. Las quejas desaparecieron. Nos dijeron que dejáramos de causar problemas.

Don Manuel asintió.

—Lo sabemos. Encontramos diecisiete denuncias internas. Diecisiete veces alguien intentó hacer lo correcto y el sistema lo aplastó. Eso termina hoy.

Elena dio un paso al frente.

—Habrá supervisión federal durante veinticuatro meses. Nuevos mandos. Nueva formación. Auditorías. Cámaras obligatorias. Revisión de expedientes.

Don Manuel buscó a Javier entre los agentes.

—Robles, acérquese.

Javier caminó con el corazón golpeándole el pecho.

—Hace siete años —dijo don Manuel—, usted estaba en una sala de interrogatorios, acusado falsamente por un superior corrupto. Yo le dije que la integridad no es cómoda, pero es necesaria.

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