La puerta volvió a estremecerse.
Y esta vez…
algo golpeó desde el otro lado con una mano humana.
Una mano que dejó cinco marcas profundas sobre la piedra.
María Inés susurró:
—Y recuerde, doctor…
—¿Qué?
—La persona que usted cree que es su compañero…
Miró a Camilo.
—…murió hace tres días.
Fonseca se quedó inmóvil.
Lentamente miró a Camilo.
El joven sonrió.
Pero ya no parecía asustado.
Parecía estar esperando.
—Doctor —dijo Camilo—, creo que deberíamos abrir la puerta.
Y por primera vez aquella noche…
Fonseca comprendió que quizá nunca había venido a investigar una muerte.
Había sido llevado allí para abrir algo.
Algo que llevaba más de un siglo esperando.