El Secreto del Convento

Fonseca retrocedió.

—¿Qué eres?

Ella inclinó la cabeza.

—Yo no soy lo que está detrás de la puerta.

Miró hacia la enorme puerta de piedra.

—Soy lo que mantiene la puerta cerrada.

Un golpe sacudió toda la habitación.

BOOM.

Las monjas gritaron.

Una grieta apareció en la puerta.

María Inés perdió la sonrisa.

—Y ustedes acaban de hacer que me quede sin tiempo.

Fonseca miró la llave en su mano.

—¿Para qué sirve?

María Inés respondió:

—Para abrirla.

—¿Y por qué querría hacerlo?

La monja se acercó.

—Porque si no la abre usted…

Otro golpe.

La grieta se hizo más grande.

—…algo la abrirá desde el otro lado.

Entonces María Inés tomó la mano de Fonseca.

Su piel estaba helada.

—Tiene diez minutos.

—¿Para qué?

Ella miró a Camilo.

Después a la superiora.

Y finalmente a Fonseca.

—Para decidir cuál de nosotros debe morir.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *