Esa noche Valeria había terminado la relación.
Mauricio bebió.
Después tomó varias de sus pastillas.
—¿Cuánto tardaste en llamar a la ambulancia?
—Unos cuarenta minutos.
—¿Cuarenta?
—Pensé que sólo se había quedado dormido. Cuando toma, suele quedarse dormido así.
Se quedó callada al escuchar sus propias palabras.
Suele.
No era la primera vez que Mauricio bebía en su casa.
Horas después, ya consciente en terapia intensiva, pidió verme.
Entré con bata, cubrebocas y las piernas temblando.
—¿Camila sabe? —preguntó.
—No sabe los detalles.
—No se los digas.
—¿Por qué estabas en casa de Valeria?
Cerró los ojos.
—Fui a dejar unos contratos.
Casi me reí.
—Valeria ya me contó que tenían una relación.
Abrió los ojos de golpe.
Le enumeré todo.
Los 113,000 pesos.
Las diecisiete visitas.
La ropa.
Los hoteles.
Las pastillas.
Al final pregunté:
—¿Tomaste el dinero de la operación de mi mamá?