Reconocí el interior de nuestro congelador.
Había una cobija rosa, dos muñecos y una manita apoyada contra la pared blanca.
Debajo aparecía una publicación escrita por Teresa aquella misma mañana.
“Día de práctica avanzada. Lucía está aprendiendo a controlar sus berrinches. La disciplina requiere constancia.”
La publicación tenía treinta y tres reacciones positivas.
Treinta y tres personas habían celebrado aquel supuesto logro.
Sentí náuseas.
—Quiero denunciar a todos los que participaron —dije.
Verónica negó lentamente.
—Primero tenemos que saber quién conocía la verdad y quién solamente vio una fotografía engañosa. Y necesitamos proteger la identidad de los niños.
Tenía razón.
La indignación no podía sustituir a las pruebas.
Esa tarde Beatriz, una de las mujeres que había acompañado a Teresa al hospital, apareció con un sobre grueso.