—Yo pagué casi todo este departamento —dijo—. Te puse como copropietario porque confiaba en ti. Mi abogada tiene los estados de cuenta y los comprobantes. También tiene grabaciones donde hablas de engañarme para obtener facultades sobre la propiedad.
—Eso no prueba nada.
—Tal vez no pruebe todo lo que yo quisiera. Por eso no voy a jugar a ser jueza. Si quieres pelear legalmente durante años, podemos hacerlo. Pero desde hoy no firmo un solo documento sin mi abogada y no se venderá nada a mis espaldas.
Rodrigo miró la carpeta.
—¿Qué quieres?
—Divorciarme.
—Podemos arreglarlo.
—Eso estoy haciendo.
—Me refiero a nosotros.
Mariana negó con la cabeza.
—Nosotros dejamos de existir cuando trajiste a una mujer a nuestra cama mientras yo bañaba a tu madre creyendo que estaba paralizada.
Rodrigo empezó a llorar.
—Me equivoqué.
—No fue un error. Fue un plan.
—Fernanda me presionó.