—Tu madre también dirá que tú la presionaste. Al final nadie tuvo la culpa, ¿verdad?
Rodrigo bajó la cabeza.
Mariana señaló la carta.
—Lucía propone negociar la división de la propiedad tomando en cuenta lo que cada uno aportó. Si llegamos a un convenio, evitamos un pleito largo. Si no, seguiremos por la vía legal.
—¿Me estás corriendo?
—Hoy puedes irte voluntariamente. Tus derechos sobre el inmueble se resolverán por escrito, no a gritos.
Rodrigo la observó.
Tal vez esperaba verla suplicar.
Tal vez esperaba que estuviera demasiado cansada para defenderse.
Pero aquella mujer ya no existía.
Dos horas después Rodrigo salió con ropa suficiente para varios días.
No hubo portazo.
No hubo amenaza.
Solo una frase antes de irse.
—Nunca pensé que llegaríamos a esto.
Mariana respondió:
—Yo tampoco. Por eso confié tanto en ti.
Las siguientes semanas fueron difíciles.