Rodrigo intentó cambiar de estrategia varias veces.
Primero pidió perdón.
Después se enfureció.
Luego aseguró que quería “salvar el matrimonio”.
Cuando comprendió que Mariana no regresaría, aceptó negociar.
Lucía se encargó de todo.
La documentación bancaria demostraba que Mariana había aportado casi la totalidad del precio original del departamento. Rodrigo sabía, además, que una disputa judicial obligaría a revisar movimientos, comunicaciones y el intento de obtener aquel poder para vender.
Finalmente llegaron a un acuerdo formal.
Rodrigo cedió su participación en el departamento dentro del convenio económico de separación, a cambio de cerrar otras reclamaciones patrimoniales entre ambos.
Mariana no celebró.
Simplemente respiró.
Creía que la pesadilla había terminado.
Hasta que una mañana, mientras preparaba café, el olor la hizo correr al baño.
Vomitando frente al lavabo recordó algo.
Su periodo llevaba varias semanas de retraso.