Movimiento detectado.
Mariana abrió la aplicación debajo de su escritorio.
La cama estaba vacía.
Unos segundos después apareció Teresa.
Caminando.
Sin silla de ruedas.
Sin dificultad.
Sin siquiera cojear.
La mujer entró tranquilamente al dormitorio, tomó su celular, se miró en el espejo y salió otra vez.
Mariana observó la pantalla con las manos heladas.
Después de casi dos meses bañándola, alimentándola con cuchara y despertándose cada noche para atender sus falsos gemidos, acababa de descubrir que su suegra podía caminar perfectamente.
Pero todavía no sabía lo peor.
Porque aquella mentira no había empezado con Teresa.
Y el verdadero motivo por el que estaba fingiendo era mucho más cruel de lo que Mariana habría podido imaginar.
PARTE 2
Durante los siguientes tres días, Mariana no dijo una palabra.
Sonreía.
Preparaba el desayuno.
Cambiaba a Teresa.
Le daba sus medicamentos.