La cámara mostró a mi suegra levantándose de la cama, haciendo sentadillas y riéndose por teléfono: “La nuera está agotada, pero es joven, aguantará”. Guardé cada video en la nube y no la enfrenté todavía. Quería saber quién más estaba detrás de aquella farsa, así que coloqué otra cámara frente a nuestra cama… y el jueves al mediodía apareció la persona que menos quería ver.

Y después se iba a trabajar como si nada hubiera ocurrido.

Mientras tanto, las cámaras seguían grabando.

Apenas la puerta del departamento se cerraba, ocurría el milagro.

Teresa se levantaba.

Caminaba hasta la cocina.

Preparaba huevos con chile y tortillas, servía café, encendía la televisión y se sentaba cómodamente en el sofá.

Una mañana Mariana la vio hacer ejercicios frente al espejo.

Otra tarde encontró un video donde su suegra bailaba mientras escuchaba música.

Pero la grabación que cambió todo ocurrió el viernes.

Teresa estaba hablando por teléfono en la cocina.

—Sí, aquí sigo —decía riéndose—. Mariana hace absolutamente todo. Hasta me baña.

La persona al otro lado respondió algo.

Teresa soltó una carcajada.

—Pobrecita, ya parece fantasma. Pero Rodrigo dice que aguante un poco más. Según él, necesitamos cansarla hasta que ella misma quiera irse.

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