Mariana detuvo el video.
Rodrigo.
Volvió a escucharlo.
Quizá Teresa hablaba de otra cosa.
Quizá había entendido mal.
Entonces continuó.
—Mi hijo dice que cuando ella ya no soporte, será más fácil convencerla de vender el departamento. Después él arreglará lo demás.
Mariana sintió que le faltaba aire.
Ese departamento lo había comprado principalmente con sus ahorros antes de casarse. Meses después, enamorada y convencida de que formarían una familia para siempre, había permitido que Rodrigo apareciera también como copropietario.
Él prácticamente no había aportado dinero.
Ella nunca pensó que eso pudiera convertirse en un problema.
Esa noche observó a su marido durante la cena.
—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó él.
—Normal.
—Te ves cansada.
Mariana casi se rio.
—Un poco.
Rodrigo siguió comiendo como si nada.
Por primera vez Mariana se preguntó cuántas veces aquel hombre le había mentido mirándola directamente a los ojos.