La carta que no escribí

Escribí con mi letra temblorosa una frase nueva que no era un recuerdo sino una decisión: Mañana conoceré a Ana por primera vez, y no le mentiré sobre lo que he olvidado.Parte 10. Conocerte por primera vez

A la mañana siguiente, con ayuda de mi padre y con pasos lentos por el pasillo, caminé hasta la habitación 214 y entré con el cuaderno abierto entre las manos, como si aquel objeto pudiera presentarme mejor que mis propias palabras. La luz de la mañana entraba por la ventana y dibujaba un rectángulo pálido sobre el suelo, y Ana estaba sentada junto a la cama, con el sobre nuevo sobre las rodillas y la mirada atenta de quien ya ha vivido una escena parecida. Me recibió con cautela, sin levantarse de golpe y sin sonreír demasiado, porque ya vivió una vez la escena de que yo la olvidara, y su prudencia me dolió más que cualquier reproche. Le dije que no venía a fingir, que no recordaba, y ella asintió despacio, como si aquella honestidad fuera lo único que podía sostener aquel encuentro.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *