La casa que me robaron

Aquella noche, en casa, revisé las fotografías una y otra vez mientras Leo dormía tranquilo. Cada imagen me confirmaba que Ricardo vivía sin culpa, mientras nosotros vivíamos con miedo a la renta. Guardé el teléfono con cuidado, como si fuera una prueba frágil y valiosa. Le prometí a Leo, en voz baja, que íbamos a recuperar lo que era nuestro. Dormí poco, pero desperté con una determinación que no había sentido antes.

Fue entonces cuando noté algo que me hizo llevarme la mano a la boca. Camila llevaba un vestido holgado, caminaba despacio y se tocaba el vientre con ternura. Yo reconocí ese gesto de inmediato, porque también lo sentí esperando a Leo. Ricardo se acercó, le puso la mano en el vientre y le habló bajito. Ella asentía y le tomaba la mano, ajena a que yo observaba desde la calle. Desde la calle, vi que Camila estaba embarazada y que Ricardo le ponía la mano en el vientre mientras le prometía que pronto venderían la casa para empezar una vida nuevaParte 5. La otra esposa

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