La casa que me robaron

El intermediario siguió hablando, ya sin tratar de justificarse, y me reveló el plan más oscuro que Ricardo le había encargado para después del juicio. Me dijo que Ricardo le había pagado no solo por la venta, sino también por un trabajo futuro, un encargo que debía cumplirse en el momento más delicado del proceso, cuando todos creyéramos que la verdad ya estaba a salvo. El abogado lo interrumpió, le pidió que lo repitiera despacio y que firmara su declaración ante la policía, porque esa información podía cambiar el rumbo del juicio y proteger las pruebas que aún quedaban. Camila y yo nos miramos, asustadas, porque entendimos que Ricardo, incluso fugitivo y sin Leo a nuestro alcance, seguía planeando destruir desde la distancia las pruebas que lo condenaban. Armando apretó los puños y pidió que se protegieran de inmediato los archivos originales de la constructora, antes de que fuera demasiado tarde. Entonces el intermediario confesó que Ricardo le había pagado para quemar los documentos originales de la constructora la noche en que se dictara la sentencia.Parte 11. El rescate

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