La casa que me robaron

Esa noche, la casa de Puebla amaneció con las ventanas rotas y, sobre la cama de Leo, apareció la pulsera de serpiente envuelta en una nota que decía que Ricardo volvería por lo que consideraba suyo.Parte 14. La casa por fin nuestra

Leí la nota varias veces, con las manos temblorosas y con Leo dormido todavía en los brazos de Armando, porque cada palabra estaba escrita para asustarme y para recordarme que Ricardo no aceptaba haber perdido. Decía que volvería por lo que consideraba suyo, como si la casa, la pulsera y hasta mi hijo fueran objetos que él pudiera reclamar, y aquella frase, en lugar de paralizarme, me dio una claridad nueva. Guardé la nota en una bolsa y la pulsera la envolví en un pañuelo limpio, porque seguía siendo la herencia de mi madre.

La policía llegó con guantes y cámaras, tomó fotografías de las ventanas rotas y de la cama de Leo, y convirtió la nota en la última prueba de las amenazas de Ricardo. Nuestro abogado la presentó ante la jueza esa misma tarde, junto con los mensajes, la grabación y la carta en la que Ricardo culpaba a Armando. La jueza ordenó reforzar la vigilancia y nos pidió que guardáramos cada mensaje. Yo asentí, pero por dentro solo pensaba en Leo y en que alguien hubiera entrado en su cuarto para dejar una amenaza.

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