En cuanto abrió la puerta, la alarma se activó con un sonido agudo que rompió el silencio de la noche y encendió las luces del vestíbulo como si la casa misma lo estuviera señalando. Trevor se quedó inmóvil durante un segundo, con la llave todavía en la mano y el cuerpo paralizado por la sorpresa, porque había esperado entrar sin ser visto y se encontró, de repente, en el centro de una escena que no podía controlar. Alonso, que ya vivía en la casa como su legítimo propietario, se despertó sobresaltado y llamó de inmediato a la policía, sin salir a enfrentarse con un desconocido en plena noche. Los agentes llegaron en pocos minutos y encontraron a Trevor dentro de la vivienda, sin permiso y sin ninguna explicación que pudiera justificar su presencia. Lo detuvieron brevemente, lo esposaron con cuidado y lo llevaron a la comisaría para identificarlo y aclarar lo ocurrido.
La casa que nunca fue suya