La empresa donde Trevor trabajaba no tardó en reaccionar, porque una imagen como aquella no encajaba con la reputación que una firma de River Oaks quería proyectar ante sus clientes. Lo llamaron a una reunión breve, le mostraron el video sin comentarios innecesarios y le comunicaron que quedaba apartado de su puesto mientras se revisaba su situación. Trevor intentó defenderse diciendo que era un asunto familiar, que había ocurrido en su casa y que no tenía relación con su trabajo, pero sus jefes le respondieron que la agresión a una madre delante de testigos ya no era un asunto privado. Salió de la oficina con una caja pequeña entre los brazos, sin despedidas largas y sin la seguridad que antes le daba su cargo. El hombre que se creía rey de su pequeño reino empezaba a comprender que su reino no tenía puertas que pudieran cerrarse al mundo exterior.
La casa que nunca fue suya