La dueña

Preparé una respuesta legal sin avisar todavía a Arturo, no por miedo, sino porque una confrontación prematura habría destruido mi única ventaja: que su familia aún creía que yo no sabía nada. Nina redactó un análisis interno en el que distinguía lo sospechoso de lo demostrable y me recomendó no firmar, no discutir el contenido de la carpeta por mensaje y no permitir que nadie me presionara con la fecha de la boda. Acordamos que cualquier comunicación con la familia Wells pasaría por ella a partir de ese momento, para que cada palabra quedara registrada y para que yo no tuviera que fingir, en caliente, una tranquilidad que ya me costaba sostener. También decidimos no mencionar todavía a Daniel, cuyo nombre aparecía como segundo firmante, porque era una pieza demasiado valiosa como para gastarla en una conversación improvisada. Yo quería llegar a la mesa con todo el mapa, no solo con una parte del camino.

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