El padre hizo un último intento por cerrar algo antes de que la reunión terminara, y me ofreció exclusividad, discreción y un acuerdo rápido si yo recomendaba internamente la operación, como si la rapidez pudiera sustituir a la auditoría que yo exigía. Le dije que Northbridge no recomendaba operaciones, las decidía, y que ninguna decisión sobre Briarwood se tomaría sin una revisión completa y sin mi autorización directa. El silencio que siguió ya no era expectación, sino incomodidad. En ese instante, la puerta del salón se abrió y el ambiente cambió por completo, como si la reunión estuviera a punto de mostrar su verdadera naturaleza.
Arturo entró en el salón de Northbridge en mitad de la reunión y me encontró presidiendo la mesa. Yo era la dueña del 71 por ciento de la empresa. Era la empresa que su familia necesitaba para salvarse.Parte 8. La oferta