En el interior, había una pegatina de visitante del hospital que databa de hacía casi un año.
En la parte de atrás: ” Dijo que su madre se reía como si estuviera intentando no hacerlo”.
Sentí escalofríos.
Fui yo.
Cada sobre me daba un pedacito de algo.
Thomas me hizo esa pregunta el día que nos conocimos.
No fue así como murió mi madre.
Ni cuánto tiempo llevaba de luto.
¿Cómo se reía?
Casi me voy.
Pero en vez de eso, me senté a su lado en la sala de espera y contesté.
“Como si estuviera intentando no reírse.”
Casi me voy.
Thomas sonrió en ese momento.
“Estos son los mejores.”
Tenía 29 años cuando lo conocí, aunque llevaba meses sintiéndome mucho mayor.
Tras la muerte de mi madre, mi vida no se derrumbó dramáticamente. Simplemente se detuvo.