Alejandro cerró los ojos.
Lo había cancelado porque ya no soportaba recibir malas noticias.
Dos días más tarde entregaron muestras para una prueba prenatal no invasiva de paternidad, realizada con sangre materna y ADN de Alejandro.
La espera resultó insoportable.
Valeria regresó a la Ciudad de México y se instaló temporalmente en casa de una compañera. No estaba dispuesta a volver con Alejandro solamente porque existiera una posibilidad científica de que él fuera el padre.
Una cosa era demostrar la paternidad.
Otra muy distinta era reparar la confianza.
Alejandro comenzó a enviarle mensajes.
No excusas.
No súplicas.
Solo mensajes breves.
“Comiste algo?”
“Tu cita es mañana a las diez. Ya confirmé el transporte.”
“Sé que no quieres verme. Lo respeto.”
Valeria no respondía.
Cinco días después, Rafael la llamó.
—Llegaron los resultados.
Se reunieron en el centro médico.