—¿Qué es esto?
—Nuestro bebé. Cinco semanas.
Me miró como si acabara de despertar.
—¿Estás embarazada?
—Sí.
—¿Y por qué no me dijiste?
Sentí una calma que hasta yo desconocía.
—Porque ayer me dijiste que sólo merecía un tulipán roto mientras tu mamá recibía cien rosas. Luego permitió que hablara de otra mujer frente a mí y tú no hiciste nada. Pensé que podía esperar un día para darte la noticia.
—Mariana, no exageres. Era el Día de las Madres.
—Precisamente.
Se quedó callado.
Le recordé las citas médicas a las que dejó de acompañarme. Las veces que su madre culpó a mi cuerpo. Las noches que lloré sola después de otro tratamiento fallido mientras él preguntaba cuándo iba a desocupar el baño.
—Este bebé merece crecer en una casa donde su mamá tenga dignidad —le dije—. No quiero que aprenda que una esposa debe aguantar cualquier cosa para conservar una familia.