Rodrigo.
Después Teresa.
Finalmente llegó un mensaje de mi suegra:
“Una mujer de verdad sabe perdonar y mantener unida a su familia. No uses el embarazo para manipular a mi hijo”.
Leí la frase dos veces.
Luego miré el ultrasonido que llevaba dentro de mi bolsa.
Y por primera vez comprendí que marcharme no había sido una reacción impulsiva.
Había sido mi primera decisión como madre.
Pero lo que sucedió durante las siguientes semanas cambiaría mi vida mucho más de lo que aquel tulipán había logrado romperla.
PARTE 3
Sofía me esperaba afuera de la central con una sudadera encima de la pijama y un termo de chocolate caliente entre las manos.
No preguntó nada cuando vio la maleta.
Sólo me abrazó.
Fue entonces cuando casi lloré de verdad.
No por Rodrigo.
Por el alivio de llegar a un lugar donde nadie me estaba exigiendo justificar mi dolor.