Pensé que solamente buscaban asustarme.
Pero entonces Lucía me llamó, muy alterada.
—Mariana, tienes que venir a la boutique. Tu suegra está aquí con Fernanda y están diciendo algo terrible delante de los clientes.
Escuché un estruendo al otro lado de la línea.
Luego alguien gritó que llamaran a la policía.
Y antes de que Lucía pudiera explicarme qué estaba pasando, la llamada se cortó.
PARTE 3
Llegué a la boutique de la Roma veinte minutos después, con el corazón acelerado. Encontré a doña Elvira sentada en el piso, golpeándose las piernas y gritando que su nuera le había robado hasta los ahorros de su vejez. Fernanda transmitía en vivo con el teléfono levantado. Dos clientas discutían con ella porque les impedía pasar a los probadores. Lucía estaba detrás del mostrador, pálida, mientras el guardia trataba de mantener despejada la entrada.