Era una notificación bancaria: Eduardo acababa de gastar 8,400 pesos en un bar utilizando una tarjeta de crédito adicional que estaba a mi nombre.
Y todavía no imaginaba que aquella compra sería la pista que me llevaría a descubrir una traición muchísimo peor.
PARTE 2
El taxi me dejó frente a un edificio de departamentos en la colonia Del Valle.
Subí al sexto piso, abrí la puerta de mi departamento y respiré profundamente.
Lo había comprado dos años antes de casarme. Eduardo conocía aquel lugar, pero siempre decía que prefería vivir con su madre porque así podríamos ahorrar.
Ahora entendía quién estaba ahorrando y a costa de quién.
Esa noche revisé mis movimientos bancarios. Eduardo tenía una tarjeta adicional vinculada a una cuenta de crédito mía. Se la había dado meses atrás para gastos relacionados con nuestra futura casa.