Se fue.
Primero dijo que necesitaba “espacio”. Después vació una cuenta conjunta a la que Santiago le había dado acceso y viajó a Miami con su madre. No pudo tocar los recursos sujetos a investigación, pero sí se llevó suficiente dinero para desaparecer por un tiempo.
Rodrigo, acorralado por la familia y por los abogados, terminó declarando que había recibido pagos por participar como donante y guardar silencio.
La prueba genética posterior confirmó lo que Santiago se negaba a aceptar:
Rodrigo era el padre biológico de los gemelos.
Santiago había convivido con los bebés desde que nacieron. Los había cargado, alimentado y presentado orgullosamente como sus hijos.
Después de descubrir la verdad, pasó varios días sin querer verlos.
Doña Beatriz fue quien lo enfrentó.
—Si los castigas por lo que hicieron los adultos, entonces eres todavía peor de lo que pensé.