Los niños quedaron fuera de la guerra pública. La familia buscó asesoría legal para protegerlos y definir responsabilidades.
Yo regresé a Ciudad de México.
No celebré la caída de NexoTech. Vendí legalmente la parte de mis acciones que ya había acordado liquidar, protegí mis activos y acepté una oferta para dirigir un nuevo fondo de inversión enfocado en empresas tecnológicas.
Creí que ahí terminaría todo.
Me equivoqué.
Tres meses después, a las once y media de la noche, recibí una llamada desde un número desconocido.
Era Santiago.
Su voz parecía la de otro hombre.
—Valeria, por favor no cuelgues.
No dije nada.
—Perdí la empresa. Mi papá no quiere verme. Mi mamá apenas me habla. Daniela se llevó dinero y desapareció. Tengo abogados encima y no sé qué va a pasar.
Esperó.
—¿Y?
—Necesito tu ayuda.
Cerré los ojos.