Durante un instante recordé al Santiago que conocí años atrás, cuando trabajábamos de madrugada y todavía creíamos que éramos un equipo.
Sí lo había amado.
Muchísimo.
Tal vez por eso su traición me había dolido tanto.
—Puedo cambiar —dijo—. Podemos empezar de nuevo. Tú y yo siempre fuimos un gran equipo.
Ahí entendí que todavía no había aprendido.
No me extrañaba a mí.
Extrañaba a la mujer que convertía sus errores en planes y encontraba dinero cuando él lo perdía.
—Santiago —dije—, ¿sabes cuál fue tu mayor error?
—Daniela.
—No.
Se quedó callado.
—Tu mayor error fue creer que el amor era un recurso que podías gastar sin límite. Gastaste mi confianza, mi trabajo, mi dinero y mi lealtad como si siempre fueran a renovarse. Y cuando se acabaron, pensaste que bastaba con pedir otra línea de crédito.