Una tarde, Gabriel le mostró una fotografía de su primera competencia de matemáticas.
—Mamá trabajó dos turnos para pagarme el viaje.
Vicente observó la imagen con lágrimas en los ojos.
—Ojalá hubiera estado ahí.
—Yo también —respondió Gabriel—. Pero ella nunca me dejó solo.
Mientras tanto, la investigación sobre Sofía continuó.
Los documentos fueron examinados y las autoridades comenzaron a esclarecer las posibles falsificaciones y el destino del dinero.
Vicente se separó de ella, pero dejó claro que Eduardo no tenía la culpa de las decisiones de sus padres.
Meses después, Gabriel y Eduardo se conocieron. Al principio fue incómodo, pero descubrieron que compartían el gusto por la tecnología y las matemáticas.
Poco a poco comenzaron a construir una relación como hermanos.
Yo también inicié una nueva etapa.
Con ayuda legal, busqué que se reconocieran los derechos económicos de Gabriel y se aclarara el destino de las transferencias.