—Tienes razón.
No agregó una explicación. Le agradecí ese silencio más que cualquier disculpa larga.
Rodrigo volvió al asunto del trabajo.
—Y ahora casualmente me investigan justo cuando ella aparece.
—Me llamaste tú para invitarme —dijo Beatriz.
Él la miró.
—Te pedí que hablaras con ella.
Por primera vez su madre no intentó ayudarlo a cambiar de tema.
Mi despacho había documentado mi separación del asunto desde la primera entrevista. No iba a defender aquel trabajo dentro de un estudio, entre regalos para un bebé.
—No te voy a hablar de una clienta —dije—. Si necesitas responder documentos, tienes abogado. Esta conversación es sobre el brindis.
Recogí mi expediente. Dejé el de Vanessa donde estaba.
—Voy a salir. Voy a decir que tus comentarios fueron falsos y que no acepto que vuelvas a hablar de mi salud. Tú decides si corriges tu versión.