Me agaché para recibirlos. Nicolás me abrazó el cuello. Mateo empezó a contarme algo sobre un camión.
Detrás de nosotros sonó un golpe seco.
La copa de Beatriz se había estrellado contra el piso.
Miraba a mis hijos sin moverse.
—¿Son tuyos?
—Sí.
Rodrigo dejó de sonreír.
Y Vanessa, todavía bajo el arco de globos, apartó lentamente la mano de su esposo.
Quédate para la parte 2, porque aquella mentira todavía tenía dueño.
Parte 2
Julián vio los vidrios y levantó a Nicolás. Yo sujeté a Mateo antes de que intentara acercarse.
—No pasen por aquí, hay cristal —advertí.
Una mesera llegó con escoba y recogedor. Ese movimiento rompió el silencio, pero nadie retomó la conversación.
—¿Cuántos años tienen? —preguntó Beatriz.
Se lo dije. Vi cómo calculaba fechas y luego miraba a Julián.
—Soy su esposo —se presentó él.