Lily lo miró directamente.
—Tú me dijiste que esperara afuera.
Mi hermano abrió la boca, pero no encontró una respuesta inmediata.
Aquella frase tan sencilla había dejado al descubierto lo que él intentaba convertir en una confusión. No fue un malentendido sobre la dirección del baño ni un desacuerdo acerca de dónde debía sentarse. Mi hermano la había apartado de la fiesta y después esperaba que todos actuáramos como si no hubiera ocurrido.
Yo sentí la tentación de terminar aquello de la manera más rápida: aprobar la solicitud, salir con mi esposa y hablar con Ryan otro día. Era lo que había hecho otras veces con asuntos de dinero. Prefería perder algo antes que sostener una discusión familiar.
Pero Lily nunca me había pedido que comprara tranquilidad a costa de ella.
Me acordé de cómo había planchado mi camisa esa mañana. De cómo, al bajar del coche, me preguntó si mi hermano estaría contento con las bebidas. De cómo se había preparado para acompañarme sin buscar llamar la atención.