—Me estás dejando en ridículo —me dijo mi hermano.
—Yo no hice que pidieras bebidas sin consultarme.
—Sabías que hoy cumplía cincuenta años.
—Por eso te regalé las bebidas que acordamos.
Su mandíbula se tensó. Vi cómo miraba hacia el grupo de invitados que aguardaba cerca de las mesas. Algunos estaban pendientes de sus teléfonos; otros empezaban a notar que el brindis no continuaba.
—¿De verdad vas a hacer esto por un comentario que le hice a Lily?
Me quedé mirándolo.
No había reconocido que la humilló. No había preguntado si ella estaba bien. Ni siquiera había intentado disculparse por haberle quitado la copa delante de todos. Para él, lo ocurrido seguía siendo un comentario sin importancia y lo verdaderamente grave era que yo no estuviera dispuesto a pagar más.
—No estoy castigándote por un comentario —le dije—. Estoy decidiendo que no voy a gastar más de lo que prometí. Y me voy porque acabas de tratar mal a mi esposa.