—Renata ya está metida en un problema que no provocó. ¿Por qué siempre te preocupa más lo que le suceda a mamá que lo que les hace a los demás?
Por primera vez, no tuvo una respuesta preparada.
Regresé a la habitación de Renata.
Estaba despierta, mirando hacia la ventana.
—¿Hablaste con el abuelo? —preguntó.
—Sí.
—¿Está enojado conmigo?
Me senté a su lado.
—No tienes que preocuparte por proteger los sentimientos de los adultos, hija. Eso nos corresponde a nosotros.
Renata se quedó pensativa.
—Yo no quería que todo terminara así. Solamente quería regresar a casa.
Le tomé la mano.
—Y tenías todo el derecho de hacerlo.
Durante los siguientes días, nuestra vida se llenó de citas médicas, entrevistas y llamadas.
Una trabajadora social del hospital habló con Renata en privado. También se realizaron las actuaciones correspondientes para documentar lo sucedido y determinar las medidas necesarias para protegerla.