Y todavía no sabía lo que habían hecho para impedir que Renata me pidiera ayuda.
PARTE 2
Marqué al 911 sin apartar la mirada de Renata.
—Mi hija tiene quince años, está casi inconsciente y presenta lesiones en los brazos —expliqué, tratando de controlar la voz.
La operadora me indicó qué hacer mientras llegaba la ambulancia.
Mi madre hablaba detrás de mí.
—¡Diles que tuvo un ataque de ansiedad! ¡No inventes que alguien la lastimó!
—Mamá, cállate —respondí.
Fue la primera vez en treinta y nueve años que le hablé así.
Nueve minutos después llegaron los paramédicos y una patrulla. Había informado que no conocía las circunstancias de las lesiones, así que los policías comenzaron a preguntar qué había sucedido.
—Mi nieta se cayó —declaró Teresa con una tranquilidad escalofriante—. Es una adolescente muy conflictiva.
Uno de los paramédicos examinó las marcas de sus brazos.