—Pensé que todo se calmaría.
Lo miré fijamente.
—Cuando Renata se desmayó, ¿ustedes llamaron a una ambulancia?
Mi padre guardó silencio.
—Papá, contéstame.
Finalmente, bajó la cabeza.
—No.
Sentí que el piso desaparecía bajo mis pies.
—Entonces dime una cosa: ¿cuánto tiempo dejaron a mi hija tirada en el suelo antes de que yo llegara?
Mi padre se cubrió el rostro con ambas manos.
Y cuando comenzó a hablar, descubrí que aquella noche mi madre había tomado una decisión todavía más cruel de lo que imaginaba.
PARTE 3
—Fueron casi doce minutos —confesó mi padre con la voz quebrada—. Renata estuvo en el suelo casi doce minutos antes de que tú entraras.
Me quedé mirándolo, incapaz de comprender.
—¿Doce minutos? ¿Y ninguno de ustedes hizo nada?
—Yo quería llamar a emergencias, pero tu madre dijo que no era necesario. Pensaba que Renata estaba fingiendo para conseguir lo que quería.