Nadie dijo nada durante unos segundos.
Ethan bajó lentamente la mirada.
Yo tampoco hablé.
No sentí satisfacción al verlo enfrentarse a aquella negativa. Era mi hijo, y verlo herido todavía me lastimaba.
Pero había una diferencia importante.
Ethan estaba descubriendo lo incómodo que resultaba necesitar consideración y encontrarse con que otra persona prefería no modificar sus planes.
Patricia miró hacia su coche.
—Bueno, quizá puedan buscar algo más cerca de aquí.
Chloe apretó los labios.
Ethan volvió a dirigirse a mí.
—¿De verdad no nos vas a dejar pasar?
—Te quiero, Ethan.
Su rostro cambió apenas, como si esas palabras le devolvieran una esperanza.
Continué:
—Te quiero y siempre voy a ser tu mamá. Pero tienes que dejar de tratar mi casa, mi dinero y mi tiempo como cosas que puedes utilizar automáticamente.
No respondió.
—Cuando me encontraste en el tren, pudiste decirle a Patricia que ese era mi asiento. Pudiste tomar mi bolsa y devolverla a su lugar. No necesitabas pelear con nadie.