Mi hijo le regaló mi asiento a su futura suegra. Ese día dejé de pagar la boda que habían organizado con mi dinero.

Ethan se quedó mirando el suelo.

—Pensé que no te importaría.

Sentí que aquellas palabras terminaban de explicar todo.

—Ese es el problema, hijo. Llevas demasiado tiempo pensando que a mí no me importa perder algo, siempre que ustedes estén cómodos.

Chloe abrió la boca, pero Ethan levantó una mano suavemente, pidiéndole que no interviniera.

Por primera vez aquella noche parecía dispuesto a escucharme.

Le expliqué que los contratos cancelados estaban documentados, que yo asumiría las penalizaciones que me correspondían y que el salón había ofrecido conservar la fecha si ellos cubrían el saldo pendiente.

—No les estoy prohibiendo casarse —le dije—. Sólo estoy dejando de pagar una boda que ustedes planearon como si mi dinero fuera ilimitado.

Ethan miró hacia las maletas.

—No tenemos para pagar todo eso.

—Entonces tendrán que decidir qué pueden pagar.

Su expresión se llenó de frustración.

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