Mi marido creyó que no podía oírlo porque tenía los audífonos puestos, así que habló desde el dormitorio sin bajar la voz: “Ya preparé el divorcio; después veremos cómo sacamos a la niña de ahí”. Me quedé inmóvil, sin interrumpirlo. Cuando terminó la llamada, tomé mi teléfono y marqué a una abogada. Él ignoraba que yo llevaba 3 años guardando pruebas.

Del vivero.

De Mariana trabajando cubierta de tierra.

Alguien llevaba semanas observándola.

Pero lo peor apareció en la última hoja.

Rodrigo no solo quería recuperar a su hija.

Ya había iniciado movimientos para llevársela a Ciudad de México cuanto antes.

Y Mariana todavía no sabía la verdadera razón.

PARTE 3

Rodrigo llegó dos días después acompañado de Camila.

No avisó.

Mariana estaba trabajando en la antigua casa de su madre, que ya no utilizaba como vivienda, sino como vivero y bodega.

Escuchó un claxon frente al portón.

Cuando salió, vio a su exmarido apoyado contra una camioneta nueva.

Camila permanecía dentro.

Rodrigo recorrió con la mirada el overol manchado de tierra de Mariana, sus botas y las charolas de plantas acomodadas bajo la sombra.

—Entonces sí terminaste viviendo así.

Mariana cruzó los brazos.

—¿Así cómo?

—Pues… aquí. En esta casa.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *