Mariana quedó helada.
Rodrigo se levantó.
—No dije abandonada.
—Dijiste que una niña de siete años todavía podía adaptarse rápido a nosotros.
El silencio fue brutal.
Camila continuó:
—Me dijiste que ella necesitaba una mamá con tiempo para cuidarla.
Mariana apretó las manos.
—¿Una mamá?
Camila se cubrió el rostro.
—Yo quería ser madre. Muchísimo. Y cuando Rodrigo me habló de Sofía… pensé que quizá…
—¿Pensaste que mi hija podía llenar un espacio vacío?
—No quise hacerlo sonar así.
—Pero es exactamente así.
Emiliano intervino con calma.
—Sofía no es un tratamiento para la infertilidad de nadie.
Rodrigo golpeó la mesa con la palma.
—¡Basta! ¡No tienen derecho a juzgarme!
Mariana se puso de pie.
—Tú exigiste una prueba de ADN cuando tenía meses porque no querías creer que era tuya. Después comprobaste que sí lo era y tampoco la quisiste. Te fuiste. Formaste otra vida. Ahora que no puedes tener otro hijo, regresas a reclamar justamente a la niña que rechazaste. ¿Y todavía preguntas por qué te juzgamos?