El negocio creció.
Rodrigo incluso presumía con sus conocidos que su esposa tenía “su emprendimiento”.
Lo que no presumía eran sus amantes.
Mariana descubrió la primera por accidente. Después hubo otra y otra. Nunca hizo escenas. Se convenció de que mantener a Sofía con ambos padres era más importante que su dignidad.
Hasta aquella tarde.
Rodrigo salió del cuarto sin sospechar que ella había escuchado todo.
Al día siguiente, sentado frente a la cocina, hizo exactamente lo que había prometido.
—Ya inicié el divorcio.
—Está bien —respondió Mariana.
Rodrigo pareció desconcertado.
—¿Eso es todo?
—¿Qué quieres que haga? ¿Que te ruegue?
Él evitó mirarla.
—Tengo otra relación. Quiero empezar de nuevo.
—Lo sé.
Rodrigo levantó la cabeza.
Mariana sostuvo su mirada.
—Sé muchas más cosas de las que imaginas.
Durante unos segundos, él no supo qué responder.
Entonces recuperó su arrogancia.